En el Tajín

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Tuve el placer de ser invitada por Jeannette Betancourt para ir a Papantla y Tajín a documentar la instalación que hizo para el encuentro de Jóvenes Creadores del FONCA.

Salir de la ciudad siempre se agradece. De cualquier ciudad, pero mucho más de la monstruosa capital de la 4T. Además olvidé el teléfono, así que mi inconsciente me obligó a estar en el presente, cosa que lo agradezco infinito.  Escuchar historias y mitos por don Romualdo, ver pájaros inauditos, cantidad de orquídeas (conocer la que produce vainilla), trabajar junto con mi amiga Jeannette y quienes se ofrecieron voluntariamente a darle forma a su obra, además de tener cerca a quienes gozan de la beca, tutores y eméritos, se aunó a la visita a la zona de la vieja Tajín, ciudad multicultural de principios del año 1 de la era que vivimos y la cálida presencia de abuelas y abuelos del Kantiyán, o casa central del Centro de Artes Indígenas, donde se hizo el encuentro.

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Cuando una se acerca a la tierra surgen los reencuentros que te devuelven a tu propia dimensión.

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Un texto de Francesca Gargallo sobre Notlallo

Notlallo, vida, cuerpo y territorio en la cerámica de Elizabeth Ross

 

¿Es la cerámica tierra y poder para re-crear la fuerza vital del maíz? Desde 1998 Elizabeth Ross le ha apostado a verse a sí misma en el espejo de la tierra y su identidad, del pasado mítico y el futuro de una alimentación relacionada con la ecología, entendida como vida de todas las especies en territorios emocionalmente importantes. Notlallo es un vocablo nahua (no tlalli) que significa tanto mi tierra como mi cuerpo y remite a uno de los conceptos centrales de los feminismos indígenas, el de cuerpo territorio, que, por ejemplo, las mujeres xinkas y maya reivindican para explicar cómo se defienden de la violencia contra las entrañas de su vida y de sus tierras.

El 6 de abril de 2019, me recibió en el Museo de Arte Popular (Revillagigedo 11, en el centro de la Ciudad de Mëxico)  la fotografía de dos mazorcas de barro oscuro, una en impresión y la otra en bajorrelieve, de la invitación de la exposición de Elizabeth Notlallo.  Con la tierra y con el maíz es peligroso jugar, toda mazorca es una vulva dentada, una promesa de dulzura, carne del propio esfuerzo y del propio placer. En América, la humanidad es hija del maíz porque seres humanos somos lo que hacemos, lo que se nos ofrece y transformamos. El maíz que somos, la tierra en que brota, es nuestro cuerpo que se hace territorio con la fauna que lo habita, los campos, selvas o bosques, sus fuentes de agua, los espíritus que lo pueblan.

Una ceramista de la calidad de Elizabeth Ross, desde hace años dedicada también a la instalación y la fotografía, sabe que manipular la arcilla michoacana para representar la planta que conforma la base de la dieta, la agricultura y el carácter de vida de la mayoría de los pueblos de México es muy arriesgado. Como todo símbolo de vida es uno de los más representados en las artes; la originalidad, por lo tanto, queda subsumida en la capacidad de abordar con tacto y significación a una planta que de por sí encierra todos los sentidos. Por otro lado, la estética es precisamente la expresión de emociones, la transformación del dato simple en una impresión que conmueve. ¿Cómo revivir las palpitaciones de la vulva diosa, de la mazorca esfuerzo, de la piel protectora de las hojas y la diminuta humanidad despojada que los olotes encarnan?

Hombrecitos olotes, descarnados hijos de la dentellada, huellas de un tiempo de plenitud que, en una sociedad urbana donde todos los medios de comunicación y ciertas lógicas cientificistas abogan por una racionalidad técnica, es menospreciado en nombre de una modernidad mecánica.

No hay tierra que no sea tierra para las mujeres, los hombres, les intersexuales y en México múltiples y diversos pueblos han cultivado por seis milenios una planta que hoy se niega a la uniformidad, es libre como el desierto, húmeda como una costa, dura como los altiplanos. Cincuenta y dos razas de maíz han generado más de dos mil variantes en el tallo, las hojas,  las inflorescencias pistiladas, las flores, el fruto y sus semillas. Son gordas, altas, delgadas, blanca, amarilla, naranja, rojizas y de un negro teñido de morado las mazorcas.  La arcilla estrujada hasta la caricia por las manos de Elizabeth Ross recoge en la manufactura de la forma  la turbación de una germinación y un crecimiento que para culminar en el fruto deben pasar por etapas tan semejantes a la formación humana que implican la seducción del polen, la espera de la madurez, el esfuerzo de la fructificación, la plenitud de la madurez fisiológica.

Colgadas de delgados hilos como una lluvia de bendiciones materiales, dispuestas sobre mesas, recogidas en canastos, acompañadas de corazones dispuestos sobre las hojas, las mazorcas de Notlallo, (la exposición permanecerá abierta del 6 de abril al 26 de mayo) simbolizan la sacralidad de la tierra y el desconcierto de la necesidad de representarlas. La divinidad que las preside es una y múltiple, la sagrada vulva de todos los mantos virginales, pero también la fuerza de la juventud y la hermandad que Ross  atribuye a la más poderosa y derrotada de las diosas mexicana, la Coyolxauhqui lunar, aquella que descabezada sigue dominando las mareas y las lluvias, las siembras, las menstruaciones, la emotividad entera, con sus susceptibilidades y sus firmes afectos, su rudeza y su ternura.

Tocar la tierra y sentir en ella el cuerpo del maíz, su propia carne, parece haber inspirado este trabajo tan tradicional como provocador. Elizabeth Ross ha roto una vez más el prejuicio de la división entre arte popular y arte culto sobre la base de una mayor calidad del segundo. La arcilla de las vasijas primordiales es la materia misma de la estética más depurada.

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Nonana Tlaxkalchihua, loseta grabada y tepalcates de Paquimé. Del Tríptico del maíz.

 

Existe una versión anterior publicada en la Revista Blanco Móvil, que pueden leer aquí.

En el Museo de la Ciudad

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Por primera vez pude ver en grande algunas de las entrevistas sobre la vida y la vejez que he realizado desde el 2015 a la fecha, bajo el título global de Atadura de Años, gracias a la iniciativa de Jan Córdoba, de Cine Comentado y su proyecto Habitaciones Vacías, y el apoyo del museo de la Ciudad, a través de Roberto Solís. Tuvimos además y felizmente con casa llena.

Tuve además el privilegio de contar con la presencia de tres de las entrevistadas, Ingrid, Jeannette y Rosario, con quienes el público tuvo la oportunidad de charlar un poco.

La vejez, el cómo vivirla, enfrentarla, los miedos y las certezas… nuestro proceso único y compartido, con suerte.

艾未未 在墨西哥 (Ai Weiwei en México)

Desde que apareció una foto de Ai Weiwei, Ai Lao y Wang Fenfen en Tepito hace poco más de dos años, supe que lo tendríamos pronto en el MUAC.  Ya después lo confirmó una foto con Cuauhtémoc Medina, el asunto era saber cuándo.  Finalmente la cita se cumple para celebrar los 10 años de existencia del Museo Universitario de Arte Contemporáneo y crece la expectativa de ver y conocer en vivo y directo no sólo la obra, sino al creador (conceptual) de ella.

He seguido el trabajo del maestro Ai desde que supe de sus semillas de girasol. En el 2011 escribí un texto (que pueden leer aquí) , donde publiqué un magnífico video realizado por la TATE en el que podemos ver cómo se creó esta obra que me parece monumentalmente bella y significativa.  Ese año y por esos meses acababa de ser liberado de su encierro pero aún no podía salir del país, sin embargo crecieron sus redes en el extranjero, donde ha realizado la gran mayoría de su obra. Es por eso que cuando estuve de residencia en Turquía, y trabajando sobre el ser outsider, realicé este sencillísimo statement, que me llevó a confrontar a mis anfitriones al sentirse tocados por referirme a otra outsider: Pippa Baca, performer italiana asesinada en su país. Pero esa es otra historia; el caso es que ella, Ai y yo, entre millones, somos outsiders de muchas maneras.

Pero situándome en el hoy y aparte de haber tenido la fortuna de conocer al shifu y tomarme una linda foto con él (que no selfie), debo decir que esta exposición me parece que pudo haber sido mucho más y haber presentado al público mexicano una visión mucho más amplia de su magnífica obra.

Y es que he visto dos estupendas y súper completas exposiciones de su trabajo, ambas en España: en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (Ai Weiwei, Resistencia y Tradición), donde ocupaba la totalidad de las salas y se podía gozar de la gran variedad de medios que utiliza, del video a la escultura, la cerámica. Era la primera vez que me enfrentaba a un cuerpo de obra basto y poderoso en un lugar como Sevilla.

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La segunda fue en el Virreyna, de Barcelona, tres años después.
Es sabida la capacidad generadora de Ai; produce obra a velocidades impensables para todo artista mortal. Por supuesto que lo hace con varios equipos de asistentes y colabora con personas dedicadas a la artesanía y toda clase de oficios (como quienes armaron la Sala ancestral de la familia Wang). Comisiona a quienes desarrollan sus ideas (como ceramistas, artesanes del bambú, fábricas de inflables o el video de los 43, por ejemplo) y toda esta obra va a caballo con los tiempos, reflexiona lo que sucede en el mundo y mucho al momento en que sucede (como la crisis de refugiados cruzando el Mediterráneo) y, por supuesto, escudriña lo que le sucede a él personalmente, sobre todo en sus enfrentamientos con el gobierno chino, la experiencia de su encarcelamiento, la vigilancia y su desdén por el control, la falta de libertad y la corrupción (mundial). Sus videos, sus libros, sus Weiweismos concentran su manera de ver y actuar en el mundo, el arte, la vida.

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Entonces, en el Virreyna, con todo un piso a su disposición, se pudo recorrer parte de su trayectoria desde que vivía en Nueva York hasta una colección de “dedos” ante el poder de muerte y corrupción (aquí solo muestro el que mereció el valle de los caídos franquista); de una pieza previa a la mostrada en el MUAC con boquillas de teteras pero realizada en mármol llamada Cao (pasto), a salas completamente tapizadas con su ya icónicas cámaras de vigilancia y brazos con el dedo estirado, además de un salón donde la gente podía participar y ser parte de la obra.

Y sobre esta exposición “nuestra”, no voy a repetir lo que los medios han publicado en cuanto al encuentro de la pérdida o rescate de la memoria histórica de ambos países. Creo que el enfocarla en los 43 fue algo que lo acercó a este país de una manera incisiva y más profunda que sus paseos en jetset, por supuesto, y que sigue poniendo sal y vinagre en la herida casi mortal de este país. Compartir la sala con el salón ancestral de los Wang fue también un acierto, pero que tal vez requiera de algo de conocimiento previo de su significado histórico (que puede obtenerse del texto escrito en el catálogo por Cui Cancan -pronúnciese Tzui Tzantzan). Mas las piezas cerámicas, a pesar de su belleza, para mi gusto no proporcionan la fuerza necesaria para redondear el discurso y parecen sólo de relleno.

No alego la diferencia de presupuestos. Obviamente España tiene más recursos. Pero ¿Ai Weiwei en sólo una sala?

 

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Pueden descargar el catálogo de la exposición con textos que ponen en contexto las piezas que vienen de China gratuitamente desde el sitio del MUAC aquí.

Y todas las fotos son mías.

La vejez es nuestra

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Por Angélica Abelleyra (*)

La vida es un camino cuyo final nadie conoce pero que vamos por ahí construyendo con tropiezos y algo de  imaginación surcada por espacios de luz, oscuridades o arcoíris en el mejor y justo de los casos. Lo que sí conocemos y vivimos en carne propia es cómo esa existencia  suma pasos, días,  arrugas, soledades, trote, agotamiento, anhelos, ira y candores hasta llegar al colapso.

Vida Yovanovich y Elizabeth Ross suman ojos y corazones para decirse, decirnos: la vejez  es nuestra; arropémonos en ella porque es el  sendero a transitar si acaso tenemos suerte.

Es el espejo que aun con su carga de bruma, confusiones y estropicios a punto de apagarse, nos otorga rostros y matices profundos. Es el agradecimiento con baile, es la efigie honrosa de la cicatriz en el pecho, de los lunares en la barriga y el miedo -siempre el mentado miedo- al proceso de envejecer,  ahora transformado en admiración y ternura.  Es la complicidad con mascarilla y acupuntura, y es el gozo de esa raíz materna que retoza con su hermana entre goyas y mambo.

Acompañemos con nuestro aliento ese vaivén tibio, compasivo y calmo que Vida siente por su madre y por esas mujeres signadas por la renuncia. Festejemos el orgullo ruco de Ita, Nono y Elizabeth.

Celebremos los 25 años de la construcción visual de Yovanovich  en esa Cárcel de los sueños con la cual nos apachurró ánimos y horizontes idílicos a través de su serie de mujeres tristes junto a palomas heridas. Transcurrido el cuarto de siglo, hoy quizás nuestra percepción de la vejez es menos dramática y más lúdica, al grado que esa prisión fotografiada se desfigura y reconstruye con una poética todavía cercana a los miedos pero depurados con el filtro de la dulzura y la aceptación del tiempo con memoria.

Bailemos otro mambo junto con Ita y su hermana Nono. Enriquezcamos nuestro rostro junto al de Vida, marcado por los surcos del asombro en el baño del asilo desvencijado. Porque el vacile aligera el pasmo. Porque consuela hermanar soledades.

Con las imágenes que ustedes podrán mirar ahora, ambas creadoras trastocan el testimonio de cuerpos añejos en caricias de afecto milenario hacia sus marcas originarias y también para el hoy de sí mismas. Ojalá que la carga de aliento de aceptar la finitud con dignidad llegue a quienes humanamente abrazamos la vida, por lo menos hasta que llegue el colofón que compartiremos luego.

(*) Periodista cultural, especializada en artes visuales.

http://museodemujeres.com/es/

Ita

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Una exposición virtual en el Museo de Mujeres Artistas Mexicanas dedicada a mi madre y en diálogo con obra de la reconocida fotógrafa y buena amiga Vida Yovanovich.

http://museodemujeres.com/es/

ITA

ITA es un homenaje a un cúmulo de vida concentrada en el cuerpo que me acogió en semilla: mi madre. Es también un diálogo con el espejo que es de mí y con el espejo que nos muestra Vida Yovanovich.

Soy la primogénita de mi madre. El mirar de frente el proceso de la vida en ella, de los veinte años que me adelanta y el reflejo de mi propio devenir, es algo que me mana como urgencia. Urgencia de recuperar tiempo perdido, urgencia de atesorar sus momentos de debilidad y de gozo, pero sobre todo de complicidad. Complicidad manifiesta también en este “dejarse fotografiar” que nos acerca.

La vejez y la consecuente muerte es un proceso duro. Trato de abordarlo de distintas maneras y desde distintos ángulos, pero éste, el mirar a través de mi madre, es el que me allega más al fondo y a la certeza de que es el aquí y el ahora que tenemos para abrazar la vida. Y la abrazo abrazando a Ita y sus más de 85 años.

Recuperando mi historia

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Notlallo

Instalación cerámica de Elizabeth Ross

Casi todes en México tenemos sangre indígena. Mi linaje materno incluye sangre náhuatl. El maíz, como alimento fundamental, está naturalmente incrustado en la identidad mexicana: estamos hechos de maíz y, como saben, el maíz y cualquier identidad en cualquier lugar están en peligro ya que el poder económico y político neoliberal necesita uniformidad.
Basado en mitos prehispánicos y particulares, decantados por largos años de búsqueda y hallazgo, Notlallo, una palabra náhuatl con el doble significado de mi cuerpo y mi tierra, es una instalación que, a partir de una iconografía prehispánica y a través de elementos múltiples realizados en arcillas michoacanas, nos habla de la identidad mexicana contemporánea sin excluir sus oscuridades.

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Curaduría

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Lili Sun: hecha de barro

Nacimos de la tierra y nuestras manos estaban cubiertas de barro. Con barro pintamos nuestros cuerpos como protección contra el misterio. Con barro construimos nuestro refugio y con barro nos curamos. En un cuenco de barro seco hicimos las primeras ofrendas y con nuestra memoria, fresca como el barro, contamos nuestra historia.

Cuando la diosa Nvwa, la de cola de serpiente, decidió crear la humanidad, amasó una mezcla de tierra y agua y con el barro resultante formó los cuerpos de las personas del otro lado del mundo. En la selva lacandona, la pareja divina se repartió la tarea  de la creación y de su barro surgieron hombre y mujer y toda clase de animales y bichos para habitar esta parte de la tierra. De la tierra nace lo humano y a la tierra vuelve. La tierra que es madre y es tumba, que abraza, alimenta,  que cobija en la vida y en la muerte.

Sobre la tierra nos movemos, migramos como los pájaros, las mariposas y los bisontes, cambiamos el paisaje que nos cambia. Somos cada vez distintas y los mismos frente a otras montañas, otros mares. La vegetación muta a nuestro paso y ya no es como era ayer. O ya no está. O ya no es. El grano cae y muere para renacer en mazorca, en árbol, en tigre. Porque es mentira la muerte para la tierra, aunque el barro se seque y se desmorone.

Lili Sun, como tú y como yo, fuimos creados con barro.  La obra que nos presenta habla de la tierra, la suya en el norte de China y la nuestra que también es suya, sabiendo que lo que ha dejado atrás vuelve siempre de maneras misteriosas y entrañables. Habla del invisible cordón que la une, de la memoria y del amor, del camino recorrido hasta llegar a verte y dejar que la mires.

Somos una misma tierra.

Elizabeth Ross

 

Revisando videos

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Escuchando las opiniones del público sobre los vídeos de las pioneras del vídeo arte en México. Pola Weiss, Sarah Minter, Ximena Cuevas y Grace Quintanilla, a quién dedicamos un breve homenaje. Espejos comunicantes en el centro Centro Multimedia del Centro Nacional de las Artes.
Cynthia Pech, Tania Villanueva.

Estirando el tiempo (strikes again)

 

Estirando el tiempo, o cómo no caer en la histeria, una exposición colectiva curada por Elizabeth Ross, es una muestra que aborda el tema de la vejez a partir de la vivencia y la auto-representación de las mujeres, registrada en su obra artística con humor, franqueza, reflexividad, energía y astucia.

Confirma que la creación es una manera vital de enfrentar tanto los estereotipos sociales sobre este tópico así como la experiencia de transformación de la relación de unx mismx con su ser, y que en ella nos encontramos a la vez con nuestras diversidades y nuestras semejanzas.  Un aspecto central que emerge es, sin duda, la manera de experimentar, enfrentar, convivir con y compartir las transformaciones del cuerpo propio con el tiempo, en su imagen exterior y su vivencia interior, así como los modos en que estos cambios producen un ajuste en nuestras percepciones de y relaciones con otrxs, y con la historia propia.  Así, esta muestra visibiliza e invita a un diálogo sobre aspectos fundamentales que con demasiada frecuencia se ocultan en la vía pública, y que a todxs nos competen.

Karen Cordero Reiman

 

Un texto de Juan Ramón Barbancho

Hoy he recibido un texto  de Juan Ramón Barbancho, que según Wikipedia es es un historiador del arte español, comisario independiente, ensayista y dinamizador de la cultura en Andalucía y en varios países latinoamericanos, en el que habla de mi trabajo entre otros más de artistas latinoamericanas que nos enfocamos en las mujeres y la visibilización de nuestra problemática y existencia, y que además proponemos de alguna manera alternativas desde nuestra práctica artística.

El texto completo lo pueden leer aquí.   Y en él encontrarán a importantes artistas como Regina José Galindo, la brasileira Beth Moysés, Priscilla Monje y Lucía Madriz de Costa Rica, y de México a Teresa Serrano, el colectivo tijuanense Martes, la imprescindible Lorena Wolffer y algunas otras más que pueden encontrar en el texto.

Pero aquí extraigo las referencias a mi trabajo.

Como hemos visto, el trabajo de muchos/as artistas y colectivos es claramente social/político, hacen de su trabajo una manifestación plástica y evidente de su compromiso y de la necesidad que tienen, no ya como creadores y creadoras sino como personas, de implicarse de una manera activa con/en la vida de los/as demás. También es compromiso el trabajo de muchas artistas, mujeres todas pero también hombres, que luchan por la igualdad de derechos, cuando no de su propia vida, de las mujeres. Todas hacen un trabajo de referencia internacional sobre el maltrato hacia las mujeres, algo que, desgraciadamente, se da en todo el mundo. Es un trabajo de denuncia social, pero también es político en el sentido que demanda de los poderes públicos un cambio en la legislación y una mayor protección a las mujeres… Pero no sólo se trata de luchar contra el maltrato, también, como digo, se aboga por la igualdad y por la visibilidad de las mujeres, de estados de indefensión, o de situaciones en que ellas tienen que hacer el papel de madre y de padre, pero siempre vigiladas por el varón, tratadas como una eternas menores de edad, como así lo hace en muchos de sus trabajos la mexicana Elizabeth Ross.

Además de la importancia de las artistas mencionadas, merece un comentario especial el trabajo de la también mexicana Elizabeth Ross. Obras como Las queremos vivas, ¡Ya basta!, Nómada, las mujeres se mueven (2008-09), realizada en Michoacán, Y seguirán naciendo… porque la muerte es mentira (2007), realizada en colaboración con las Madres de la plaza de mayo (Nota: no hubo tal colaboración, sólo se realizó la axión en la Plaza de Mayo, honrándolas a ellas y a lxs más de 30,000 desaparecidxs ER).

Con este interés creó, junto con otras creadoras, el proyecto Nómada: las mujeres se mueven, sobre la migración y cómo afecta a las mujeres. El desplazamiento, forzoso y necesario por razones fundamentalmente económicas, puede afectar a todos/as por igual, pero con ellas lo hace de una manera especial, especialmente cruda a veces. Tanto si son ellas las que se van, si es un desplazamiento familiar, como si es sólo el marido el que se marcha. En muchas ocasiones el hombre está fuera pero ejerce un control total sobre la familia, tratando a las esposas como eternas menores de edad, incapaces de actuar y decidir por su cuenta. Esto se ve muy bien en las comentarios de muchas de ellas, recogidos en entrevistas en vídeo realizados por Ross. El vídeo, del mismo título que el proyecto, que recoge este trabajo fue realizado con mujeres michoacanas.

flor casa

FLorinda en su casa de Cucuchucho, Mich.

Reclaiming the Ground en Puebla

 

Bajo la invitación de la galería Liliput, y a pesar de los contratiempos, fui a reclamar el suelo de Puebla. Reclaiming the Ground, o al menos una pequeña parte, se presentó desde el 20 de enero hasta el último día de febrero e incluyó siete fotografías de la axión, una intervención en el muro con interpretaciones de figuras paleolíticas que repiten el mismo reclamo, una pintura de montañas -muy terrenales- en papel y tinta china que hice in situ,  junto con una hilera de montañas grabadas en tela, gracias a mi amiga -y maestra- Rosa Borrás, que estuvo colgada para la inauguración y que fue sustituida por montañas sobre el muro cuando me fui. Formó parte también El coño cósmico, una pieza hecha para un festival español que la rechazó por el título.También realicé una pequeña axión amorosa, colocando estiquers con la leyenda YO SÍ TE QUIERO en el pecho de casi toda la gente que asistió, mensaje múltiple dirigido tanto de mi hacia ellxs, entre sí y, principalmente, hacia la Tierra, nuestro suelo, nuestra madre.