Arte y pandemia en China…y otras pandemias

El año pasado me contactó una reconocida investigadora y traductora, quien forma parte del programa de estudios de Asia y África perteneciente a la UNAM, y con quien he coincidido en diversas actividades muy amistosamente, para invitarme a participar en el diplomado de dicho programa este 8 de marzo. Me pidió específicamente hablar sobre el arte de las chinas, pero extenderlo hacia lo que habían producido durante el punto más álgido de la pandemia y el encierro. Por supuesto que acepté. Aclaró que habría pago, lo que es de suponer y de justicia.

He participado anteriormente en un par de actividades de la UNAM, lo que hizo que tuviera que afiliarme como proveedora, por lo que al parecer los trámites se simplificarían también esta vez.

Obra de Geng Yini

Preparé una presentación especial, contacté e investigué a varias artistas que no estaban incluidas en mis charlas, y estoy preparada para una buena ponencia sobre un tema que usualmente a la academia no interesa. Es por esto que me importa abrir el campo de conocimiento sobre el hacer y el pensamiento de las artistas y, en este caso, también la visión sobre China, más allá de políticas y mercados, de tradiciones y cultura ancestral.

Además, me encantaba compartir la sesión con la Dra. Flora Botton, quien es de las pocas investigadoras sobre la historia de las mujeres en China y que pertenece al Colegio de México. Ella daría el contexto histórico, político y social y yo arrancaría con las artistas contemporáneas.

Todo bien hasta que llegaron «las políticas de pago» una semana antes del evento, que me tienen asombrada e indignada. Sobre todo porque he sido retribuida más dignamente por la misma UNAM. Así que, como ponente ya sea interna o externa, se puede solicitar pago en dinero (si llegaras a tener más de 26 oyentes, 605 pesos la hora), en especie (tal vez en 4 meses llegue una tarjeta de regalo de Gandhi que alcanzará para un libro, si acaso), o un pago simbólico, que es inaudito y el que, seguro, todo mundo va a querer: un termo y una libreta con su logotipo, para que la humillación vaya siempre contigo.

Sé que no es responsabilidad de quien me invitó en absoluto, sino de la administración de ese programa específico, pero esta situación toca una herida abierta, no solo mía, sino de quienes nos dedicamos al arte, la investigación, la creación de pensamiento y conocimiento: la precariedad producto del desdén por el trabajo ajeno. Trabajo que sirve al sistema. A SU sistema. Un sistema plenamente patriarcal.

Y claro que el desdén es más profundo si no tienes «credenciales» académicas (le ponemos «sin estudios»), si no te ubicas en esa cima desde donde el resto del mundo es, si acaso, objeto de estudio para un paper y puntos para el SNI. Cuestión de clases, jerarquías. Vaya que tengo experiencia con eso, precisamente en la UNAM. (Oh? Alma Pater!)

Haré pues la ponencia, Macorina, pero bajo protesta y denunciando, seguro sin consecuencias, una práctica generalizada, no por eso menos indigna y patriarcal: explotar el conocimiento y el trabajo en beneficio de las instituciones y/o de quienes las encabezan. En este caso, el programa y su diplomado (nada barato por cierto).

Y el 8 de marzo.

No estaría de más leer a la inmensa Francesca Gargallo. Este artículo, por ejemplo.

Obra de Peng Wei

P.D. ¡Más de 50 participantes y no soy la única indignada! Y sé que el programa quiere abarcar estudios sobre feminismo. Deberían de comenzar revisando el tratamiento que le dan a las personas, especialmente a las mujeres que les aportan su trabajo y conocimientos.

Testimonio

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