¡¡Todes somes ruques!! o lo que es lo mismo: vamos para allá si tenemos suerte.

Una acción performativa durante la inauguración de Estirando el Tiempo (o cómo no caer en la histeria), que realizó mi querida Ivelin Buenrostro y su banda familiar a quienes se dejaron implantar -por un rato- unas arruguitas.

El ceño, las patas de gallo y las temibles arrugas de titino cubrieron los rostros de la mayoría de quienes asistieron esa noche al Museo de la Ciudad del inefable Querétaro.  Arruga sobre arruga para recordar que, si hay suerte, se portarán con orgullo.

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