el derecho a la vida

Derecho a la vida. Pareciera absurdo que los seres vivos de cualquier especie tengan que pelear por que esa vida que contienen en sí deba ser respetada. Los derechos humanos, su sola necesaria concepción, debiera ser algo intrínseco a la existencia. Los derechos animales, los derechos vegetales, terrenales. El derecho a la existencia de quienes ya existen.

Pero no. La enfermedad de la androcracia es esa carencia de sentido de la vida, es esa falsa percepción de que todo le pertenece y que puede hacer uso y desuso a su complaciente voluntad de la vida -y la muerte- de “lo otro”, ya sean mujeres, disidentes, elefantes, insectos o hierbas. Ni las montañas ni los mares se salvan de su avara ceguera.  Ya desde la “orden celestial” de poner a la naturaleza bajo el dominio de Adán y tomarla como palabra sagrada, la espada  ha ido siempre por delante.

Ser parte de “lo otro” entonces, ha tristemente requerido de un reconocimiento a ese derecho a la vida por parte de quienes sufren de androcracia. Y como que lo conceden. Es por eso que la existencia humana, al menos a partir de Babilonia, ha sido la lucha constante por la vida propia.

Pero basta de rollos. Creo que en México quien representa claramente esta lucha por el derecho a la vida es Doña Rosario Ibarra de Piedra, quien perdió a un hijo, Jesús, en la guerra sucia. Desde ese instante dolorosísimo, esta madre ha insistido en encontrarlo y en el camino, además, aglutinado a muchas otras madres víctimas de la desaparición forzada de sus hijas e hijos.
Comparto un programa realizado por la periodista Blanche Petrich sobre esta mujer quien fundo el Comité Eureka!, una asociación enfocada a encontrar desaparecidos.

***

Un inmenso problema tanto en México como en el resto del mundo: el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres: el feminicidio.

Matar a una mujer por ser mujer, esto es, por ser considerada dentro de un estereotipo androcrático, no es algo que suceda en determinada clase o zona del mundo: es tan global como la androcracia misma. Así, en España las queman tras una pelea conyugal, en India las arrojan a la pira funeraria de sus dueños, en África las infectan tras la ablación, en Guatemala, en el Estado de México, en Ciudad Juárez….

El feminicidio es una palabra mayor. El odio hacia “la otra” llevado al extremo crece exponencialmente y hay que pararlo.  ONGs latinoamericanas en conjunto con una institución de la Unión Europea comienzan una campaña para que los Estados tomen acción para detener este crimen.

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