Somos la palabra

mam-y-yo

Hoy es día de la madre en México. Una celebración injertada como la navidad o el hallowin o el día del compadre, a base de bombardeo publicitario y con fines oscuros y ocurantistas. Sin embargo, se celebra con pasión. Por ejemplo hoy una buena cantidad de amigos han compartido fotos de sus madres en el FB (yo lo hice con esta). Es nuestra madre la del altar, la del nicho. La que con todo lo que es  y ha sido nos puso en el camino para andar a nuestro propio paso.  Hay maternidades secuestradas, como lo atestigua Pinto mi raya. En en proceso de ser o no madre hay implícita una serie de mandatos sociales. Sin embargo no habemos sobre la tierra mas que madres e hij@s.

Pero este post va sobre el uso de las palabras, sobre el uso de la palabra MADRE, especialmente.    Como feminista ( e hija además de madre), creo que la negación, la invisibilización a la que hemos estado sometidas se manifiesta con un grito imperceptible en la forma de utilizar el lenguaje.

Sabemos que el lenguaje hablado determina nuestro pensamiento y éste nuestro actuar en el mundo.

Detenernos y analizar las palabras que utilizamos cuando hablamos de nosotras es imperativo para detectar los procesos mentales de dominación. Desde que se impuso el patriarcado y se separó de tajo a la humanidad, la palabra escrita y hablada fue manipulada para ir cambiando los procesos mentales y culturales de mujeres y hombres. Vimos como los mitos fueron cambiando la historia y cómo a través del diseño de las religiones se injertó el absolutismo androcrático en cuerpos y mentes. Un poder inoculado profundamente, alojado en oscuros resquicios  de nuestro cerebro, de nuestra visión del mundo, de nuestra cotidianeidad. Es cierto que esto se rompe, que conciencia y memoria traen luz. Y es por eso que el uso del lenguaje se convierte en nuestra arma. No son solo las ideas, las teorías, los testimonios, es el detenernos frente a las sencillas palabras de todos los días que por cotidianas se escabullen y siguen deteniendo ciertas partes esenciales del proceso de liberación.

Conozco muchas mujeres, feministas, filósofas con todo un discurso teórico impecable, con una actitud de sororidad hacia las demás, que al referirse a si mismas dicen UNO.  Creo que es momento para dejar, en fin,  de negar nuestra propia existencia y decir yo soy UNA.  Decir NOSOTRAS, decir HUMANIDAD, decir  SER HUMANA. Decir DIOSA.  Esto sirve para alterar en definitiva  las cadenas mentales que nos unen sutilmente a lo que la conciencia rechaza.

Este es, pues, un llamado a todas (y a todos) para parar el mundo opresivo y desapercibido  del lenguaje:  un llamado a sabernos mujeres con todo el cuerpo, sus corrientes electromagnéticas, sus fluidos, sus sicotrones.  A romper el esquema impuesto de que la humanidad es el hombre y que en esas dos palabras se puede  y es lícito englobar a todas, a todos, quienes malvivimos el planeta.

Es absolutamente necesario encontrar nuevas palabras que denominen –por ejemplo- lo que nos hace felices y nos dan placer, así como lo que nos disgusta. Utilizar los vocablos madre y padre de manera distinta. Saber que UNA MADRE no es una chingadera y que lo que es padre no necesariamente es maravilloso.  Entender de una vez por todas que chingar a nuestra madre, en definitiva, ha sido en México una verdad histórica que debe ser abolida si queremos sobrevivir como especie. Cada vez que utilizamos esa frase para insultar a alguien reforzamos la idea de que es a la mujer a quien hay que castigar, reforzamos también el propio hecho de la violación, y al chingar a nuestra madre lo que  hacemos es -literalmente- humillar nuestro origen, nuestra raíz, nuestro planeta, a todas las mujeres y por tanto a nosotr@s mism@s.

Hay que detenernos y analizar lo que decimos, cómo lo decimos, cómo nos hablamos y cómo nos referimos a nosotras mismas. Descubrir, también y especialmente, ese poder. Somos lo que decimos, no solo lo que pensamos. Somos lo que hacemos, y hablar es una acción.

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Un pensamiento en “Somos la palabra

  1. Respecto al significado de la mentada de madre, estoy en desacuerdo contigo. En primer lugar se usa para insultar a alguien y no para racionalizar al que mienta la madre no le interesa castigar a las mujeres, en realidad se usa porque se asume que a uno le duele más la mamá que el papá. Lo demás son elucubraciones. Respecto al resto de lo que escribiste coincido

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