en el alcázar de Sevilla

El palacio de al-Mubárak llora sobre las huellas de Ibn Abbad
como llora sobre las de las gacelas y leones.
Su al-Turayyá llora y sus estrellas (sus torres) ya no están sumergidas por las lluvias vespertinas y matinales provocadas
por el naw de las Pléyades.
Al-Wahid llora, como al-Zahí y su qubba; el río y su corona.
Todo muestra una profunda tristeza.

Quisiera saber si pasaré todavía otra noche teniendo delante y detrás de mí un jardín y un estanque.
Sobre una tierra que hace crecer los olivos, que transmite nobleza, en la que se arrullan las palomas y gorgojean los pájaros.
En al-Záhir, que allí se encuentra, la de las altas torres regadas generosamente por la lluvía,
mientras que al-Turayyá parece que nos llama y que le llamamos.
Al-Záhí y su Sa’ad al-Su’ud nos miran como dos celosos: ¡el enamorado apasionado es muy celoso!
Tú crees que es difícil conseguir [ese palacio] ahora bien, todo lo que Dios quiere es fácil.

Si debemos hablar de al-Turayya tenemos que decir que se parece a las Pléyades, por su situación, su altura y su belleza.
El no recibir tu visita más que cada dos o tres días inspira un deseo tan vivo, que quisiera, si fuera posible,
reunirme contigo con el pensamiento.

Beber cada día de tu fuente, prolongar el tiempo en tu compañía, es lo que necesito para sentir feliz el espíritu.
Es el palacio de al-Mubárak como la mejilla de una mujer hermosa en el centro de la cual, como un lunar, se levanta al-Turayya.
Del más puro color dorado y del aroma más exquisito es el vino que circula en una copa.

En este palacio espléndidas dependencias alegran la vista y se enorgullecen de su rutilante belleza.
¡Es tanto el deleite que puedes incluso acostarte en su parterre florido
y envolverte en las delicias de la sombra fresca de los bosques.

“He bebido vino (ráh) en el que la luz destellaba, dice al-Mutami,
Mientras que la noche extendía las tinieblas como manto.
Hasta el momento en que la luna llena se mostró en la constelación de Orión (al-Gawza),
como una reina soberbia y magnífica;
estrellas chispeantes se elevaron a porfía para rodearla con su titilar y completar su propia titilación.

Al hacer de su marcha hacia Occidente un paseo, colocó los Gemelos por encima de ellas a guisa de sombrilla.
Se veía a las estrellas formar un cortejo, izando las Pléyades como una bandera por encima de ella”.

El licor te ha llegado de noche, en un traje de día hecho
de su luz y de su túnica de cristal.
Comparables a Júpiter (al-Mustari) envuelto por su planeta Marte (Mirrij).

Cuantas veces, cuando la noche era muy oscura, me he servido de beber rosas fundidas en agua congelada!

Abreva a golpes redoblados tu corazón, pues más de un enfermo se ha curado así,
y arrójate en la vida como sobre una presa, pues su duración es efímera.
Incluso si tu vida durara mil años completos, no sería exacto decir que es larga.

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¿Te dejarías llevar por la tristeza hasta la muerte cuando el laúd y el vino fresco están aquí y te esperan?
Que la preocupación no se adueñe de ti a viva fuerza, en tanto que la copa es como una espada centelleante en tu mano.
Conduciéndonos con cordura, las contrariedades nos acosan hasta lo más profundo de nuestro ser;
ser cuerdo, para mí, es no serlo.

poemas extraídos del blog Desde mi ventana,  que a su vez  han sido tomados del libro de Henri Pérès, “Esplendor de al-Andalus”. Editorial Hiparión.

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