día de l@s migrantes

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he participado una vez más, y cómo no, en la convocatoria de Tania Bruguera y su Immigrants International Movement. Con apenas un esbozo de proyecto, junto con Dermis León, sobre artistas migrantes invisibles, invisibilizados por el hecho de ser migrantes, de no pertenecer  a las nuevas  redes nacionales. También, tanto Dermis como yo, hemos leído el manifesto del IIM que dice, por ejemplo en su número 3 que “Tenemos el derecho a movernos y el derecho a que no se nos obligue a movernos. Exigimos los mismos privilegios dados a las corporaciones y las élites internacionales, que tienen el derecho a viajar y a establecerse donde lo deseen. Todos merecemos oportunidades y la posibilidad de progresar. Todos tenemos el derecho a una vida mejor.”

Ser migrante es ser  “explorador, ser movimiento”, dice también, y puedo confirmar que se requiere de un especial valor y resistencia. Ser migrante, además, es mi tema. Ser migrante y ser mujer. Desde ahí, de esta particularidad del ser, hablo, trabajo, investigo, produzco.

Van unos datos, proporcionados por el Museo de la Mujer de la UNAM:

En los últimos años, ―las mujeres migrantes se hacen cargo de la manutención de los hogares mexicanos; hoy en día sus dólares representan 20% las remesas totales que los connacionales han inyectado al país, cerca de 500 millones de dólares al año (SRE:2005). Culturalmente las mujeres migrantes tienden a enviar la mayor parte de su salario a sus hogares, para mejorar el bienestar y la educación de sus hijos.

La indocumentación de las mujeres migrantes potencia su
vulnerabilidad, es decir, las convierte en “vulnerables entre las vulnerables” porque experimentan con mayor frecuencia riesgos sociales tales como la pobreza, el desempleo y la subordinación en los hogares de origen. Tienen menos capacidad de respuesta individual e institucional para enfrentarlos y son presa de un estigma en virtud del cual se las percibe como dispuestas a ser tratadas o traficadas para cualquier actividad debido a la falta de opciones en su país natal.

Otra fuente de vulnerabilidad laboral es el hecho de que en varios países las mujeres migrantes pueden ser despedidas y deportadas si quedan embarazadas o contraen el VIH/SIDA. En definitiva, hay evidencias de una explotación sexista y racista que ocurre tanto en el trabajo en las fábricas como en la limpieza o las faenas domésticas, la prostitución y la reproducción de la mano de obra.

La OIM calcula que 500.000 mujeres ingresan anualmente a Europa producto de la trata de personas con fines de explotación sexual, como parte involuntaria de un negocio que mueve entre 5.000 y 7.000 millones de dólares al año (2003)

La desigualdad en el acceso al poder y a los recursos sitúa a las mujeres, especialmente a las migrantes, en una
posición de vulnerabilidad económica que las impulsa a aceptar empleos de menor prestigio y remuneración que los ocupados por varones de calificación similar, generando una segregación y segmentación ocupacional en empleos precarios y de alto riesgo de explotación tales como el servicio doméstico.

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