De Residencias

Este artículo fue escrito originalmente bajo pedido expreso para la revista argentina Voycott y debío ser publicado en agosto. Sin embargo, su política editorial cambió sin aviso previo y sigue inédito. Como no me han dado seguridad de que será publicado sino que lo han dejado al aire, he decidido hacerlo aquí.
Elizabeth Ross

AiR, Artists in Residence, es un término global para designar un sueño compartido por una gran parte de quienes se dedican al arte. Porque, ¿a quién no le gustaría tener todo el tiempo para crear y no preocuparse de la subsistencia diaria? ¿a quién no le gusta viajar,  conocer un país distinto, acceder a una nueva cultura, nuevos paisajes, abrirse a múltiples posibilidades? ¿Quién no quiere conocer e incluso, porqué no, colaborar con artistas internacionales en nuevos proyectos? Todo esto alimenta la creatividad, proporciona horizontes más anchos, da mundo. Ser artista en residencia es una experiencia cuasi religiosa por la cual debiéramos pasar tod@s, y tanto, que lo intentamos cada vez que surge una convocatoria, llenamos formas, creamos proyectos, volvemos a imprimir imágenes, buscamos cartas de recomendación y pagamos sellos de correo. Sería interesante saber el porcentaje de las solicitudes exitosas….
Existen cantidad de centros artísticos en el mundo que ofrecen Residencias para Artistas. Cada uno ofrece los satisfactores básicos: espacio y tiempo para que l@s artistas puedan realizar su obra sin preocuparse de su sobrevivencia cotidiana, además de la oportunidad de relacionarse con otr@s artistas y personas de distintas nacionalidades y así crear redes que apoyan su desarrollo profesional.

algunas residencias. Foto tomada de Resartis.com

Dependiendo del Centro, se ofrecen otros atractivos que van desde estudios y talleres especializados para las distintas disciplinas, que pueden ser personales o colectivos, espacios de exposición, esparcimiento dentro y fuera del centro, viajes para conocer la región, etc. Los hay en centros urbanos y rurales, dependientes de las instancias culturales de algunos gobiernos, los hay como proyectos de asociaciones y colectivos artísticos, e incluso como empresas personales. Algunos cuentan con gran capacidad de alojamiento y otros con una sola habitación. Se financian con capitales privados y/o públicos, ya sea con presupuestos del estado, fundaciones, ayuntamientos, y las hay de tres tipos: las que subvencionan al artista completamente o en partes, las que cobran por el servicio y las hay también mixtas (becas y cobro).

Las Residencias para Artistas son con mucho una oportunidad excepcional para la gestación de nuevas ideas, de producción artística y el desarrollo de la cultura. Esto lo entienden así países como Alemania, que cuenta con innumerables centros donde artistas de todas partes del mundo pueden acceder a residencias por concurso. Las residencias se convierten en un recurso que aporta no solo obra de arte y artistas felices sino un desarrollo cultural de la región con el intercambio que así se establece, una visibilidad a nivel mundial dentro del medio, un enriquecimiento multicultural avantgarde.

En estos tiempos parece que hay un boom de las residencias, una moda, y surgen como hongos en tiempo de lluvias pequeños lugares por aquí y por allá, o grandes espacios que parecen hotel 5 estrellas. Pero no es invento reciente, ya en 1889  Heinrich Vogeler funda en Alemania la primera residencia conocida como colonia de arte. Llegó a ser tan famosa que el pueblo era conocido como Weltdorf, pueblo del mundo, y donde Rainer María Rilke vivió por dos años. El lugar le dio al joven poeta el espacio y la paz necesarios para escribir varios libros, entre ellos Las Historias del Buen Dios, e incluso un libro de ensayo crítico sobre los pintores que habitaban la misma colonia y que lleva el nombre del pueblo: Worpswede .

También en los Estados Unidos, en el estado de Nueva York, surgió la Corporación de Yaddo,  fundada en 1900 por una pareja formada por una poeta y un financiero y la famosa Woodstock Guild/ Byrdcliffe Arts Colony, manejada por artistas en 1903. Ambas dieron la pauta para las siguientes residencias y colonias y ambas siguen activas a la fecha. A partir de estas experiencias, en los sesentas y con más furor a partir de los 90s, se desarrolla y amplía la oferta, lo que las hizo más accesibles a los artistas del mundo.

Banff: vista del edificio LLoyds desde mi habitación durante la primera nevada (de mi vida)

Como artista nómada he tenido por más de una década varias experiencias como residente, y es por eso que quiero hacer un desglose de sus beneficios, plantear las diferencias entre ellas y hacer notar cómo se están transformando en empresas de turismo cultural, lo que hace que se alejen rápidamente de nuestras posibilidades económicas. Sueños que se van disipando con la llegada de la llamada realidad.

Mi primera residencia la obtuve por medio de una beca y me permitió gozar de mes y medio en el paraíso –eso pensé entonces y todavía lo pienso. En 1999 fui residente en el departamento de cerámica del Banff Centre for the Arts, situado en un enclave magnífico de las Rocallosas canadienses y nacido en 1933. El Banff Centre es todo un complejo de edificios y espacios equipadísimos destinados al arte, la cultura, a la educación informal y los negocios, e incluye los espacios habitacionales en su campus. Gracias a un acuerdo entre el Centro y  el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México, tuve solventados los gastos de viaje, estancia, materiales, hospedaje e, incluso,  una cantidad para los gastos necesarios en casa durante mi ausencia. Una beca en toda la extensión de la palabra suerte. Lo único que no formaba parte de la bolsa eran los medios para transportar la obra realizada y ellos no la querían, así que habría que irse con lo hecho, si es que no lo regalaste, vendiste, donaste u olvidaste conscientemente en el bosque. ¡Una lata sobre todo si trabajaste con cerámica!

He estado después en Galicia durante una semana, en una residencia llamada Xuntanza. Es residencia porque vas a producir, a convivir, a conocer. La obra al final se expone y se edita un catálogo, aunque esto del catálogo no se hace en todos los sitios. Lo único que pagan l@s artistas es el viaje, aunque hay algunas instituciones culturales que los incluyen excepcionalmente, y se debe buscar una subvención para pagar el boleto de avión.
La Xuntanza gallega (quien acaba de perder a su fundador, Paco Lareo) fue similar a la Residencia de Arte y Ecología en una ex Hacienda michoacana llamada Guapamacátaro. Las dos no solo en espacios rurales sino que, aunque cortas, hubo interacción con la población cercana: en la gallega –organizada por un pequeño grupo de artistas locales- el pueblo entero llegó a la muestra de clausura; en la michoacana –organizada por una artista cuya familia es la propietaria del espacio- un grupo representativo de habitantes se presentó directamente a pedirnos colaboración en su problema con el agua de la comunidad. Esto, la relación directa con quienes habitan el lugar, es para mí uno de los elementos más preciados de una residencia. No es arTurismo sino el llegar a lograr socializar el trabajo artístico de una u otra forma.

Axión e intervención en Coed Hills, Wales

Las residencias particulares, como estas dos, como la de ArtPoint GUMNO en una aldea de las montañas de Macedonia, o Coed Hills en el sur de Gales, fueron subvencionadas enteramente por los organizadores.
Otra cosa ha sido la residencia en centros como TouScene, en Noruega, que maneja un pequeño programa de residencias semanales donde solo se ofrece alojamiento, y al que casualmente pude acceder.  Y muy diferente la beca por intercambio ofrecida por el gobierno de la Baja Austria para estar en Kunstmaile Krems durante dos meses, en que recibí honorarios pero debí de correr con los gastos cotidianos y de materiales.  Mi última experiencia fue una Art Colony en Turquía, también particular y con una sobrepoblación de artistas: 35 fijos y otros que llegaban por algunos días y se iban y donde, debo decirlo, las circunstancias para la creación y la convivencia estaban determinadas por reglas que excedían los límites de los buenos tratos. Quien estaba a cargo del grupo de artístas no tenía ni idea de lo que ser artista o el arte mismo son. Pero son los riesgo que una corre en este andar por el mundo con su arte a cuestas: no todas las experiencias cubren las expectativas, pero de todas se aprende, y se produce, además de que permite establecer nuevas relaciones profesionales y de amistad.

En la movilidad que he escogido como proyecto de vida y por tanto artístico, las residencias me permiten explorar nuevos medios y técnicas, experimentar con el ser y hacer en un lugar desconocido. Es moverme dentro del territorio del arte como por la geografía. Por ejemplo, en Turquía he pintado casi exclusivamente y no me considero pintora. En Gales he dejado el bosque habitado con instalaciones diversas, en Austria atraje a la gente de la embajada mexicana a mi estudio para –en medio de una instalación en que el color rojo era predominante-, entregarle cartas exigiendo el esclarecimiento de los feminicidios en Ciudad Juárez. Una residencia es para mí, además, una siembra de arte y relaciones en la que me multiplico.

Unter rot !Ya Basta¡, instalación en Krems

Las residencias han llegado a ser tan populares y con tan alta demanda (se pueden recibir unas 500 o más solicitudes por convocatoria) que los emergentes empresarios culturales han visto en ellas su gran oportunidad para sobrevivir la crisis, aunque sea  a costa de l@s artistas.  Porque ha habido siempre algunos programas –especialmente en Estados Unidos- donde para participar se paga una cuota por solicitud, 30 o 50 dólares que pueden servir para gastos administrativos. Pero en los últimos dos años viene in crescendo la cantidad de lugares que ofrecen –como se puede leer en la página remodelada de ResArtis- “un excelente espacio donde desarrollar en paz la creatividad en un ambiente único”, por el cual si eres aceptado después de una rigurosa selección, debes pagar, como en un ejemplo tomado al azar, en Puebla, México, 400 dólares semanales que cubren estudio, materiales, habitación con baño y tina de hidromasaje y terraza. Como podemos ver, esto es más una renta del espacio acogedor y con todas las facilidades para la creación que un apoyo a la creación y es una cuestión que dificulta en verdad el acceso a una residencia si no se cuenta con ese dinero.  Residencias para artistas subvencionados usualmente por capital familiar.

Es cierto que mantener un programa AiR cuesta, mas debiera ser un programa institucional de apoyo a los artistas, pagado con dineros públicos y fundaciones privadas.  El problema que veo en esto es que las empresas culturales de este tipo van tomando mayor preeminencia y los espacios que funcionan de manera más mecénica  tenderán a desaparecer.
Pienso que cuando el gremio artístico sea considerado por la sociedad y los gobiernos como detentador de los mismos derechos laborales que cualquier otro oficio tiene y se nos retribuya por nuestro trabajo de la misma manera, se nos podrá exigir el pago para cambiar de estudio y conocer culturas exóticas.

Mientras tanto, yo, personalmente, me niego a pagar por producir.

The Talkpiece. video still. Conversación con Lau Mun Leng dentro de la exposición de Unter Rot en Krems

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: