mil soles espléndidos

Acabo de leer el libro del escritor afgano Khaled Hosseini y que lleva como título el mismo de este post.  Un libro escrito desde el punto de vista de dos personajes femeninos que viven el proceso de destrucción de su país, desde la invasión soviética,  pasando por una guerra civil entre las varias facciones de muyahidines que, tras expulsara los rusos siguieron peleando por el control del país, armados hasta los dientes por occidente. En esa guerra destruyeron gran parte de Kabul e instauraron un fundamentalismo islámico solo superado por los talibanes.  La novela termina en 2003, ya con el nuevo régimen de Hamid Karzai, la expulsión de los talibanes de Kabul  y la continuación de esta guerra interminable.

Sabemos realmente poco, acá en este lado de la burka, de lo que pasa en el Medio Oriente, en Afganistán en este caso. Si, guerra del petróleo que se ha topado con la bestialidad cerrada del talibán y la bestialidad occidental puesta en evidencia por el valor de Bradley Manning y Wikileaks. Si, sabemos que se considera al talibán el más misógino del mundo. Pero lo que esta novela nos cuenta es que durante la década de dominación soviética, al menos  Kabul era una ciudad liberal y progresista donde la mujer era libre de estudiar y ejercer profesiones, aunque siempre ha sido difícil ser mujer en ese país. Las tradiciones androcéntricas estaban muy vivas en las culturas tribales, aunque vivieran en Kabul, y la libertad que estaba imponiendo la URSS -como alfabetizar a las mujeres, abolir los matrimonios forzados, elevar a 16 años la edad mínima para casarlas-, fueron uno de los detonadores para que los muyahidines se levantaran en armas, ya que consideraban que “ofendían sus tradiciones ancestrales”.

La caída de los soviéticos trajo de vuelta las restricciones, junto con la lluvia de misiles. Pero la llegada del talibán llevó todo al extremo.

Al día siguiente de su entrada en Kabul distribuyeron miles de panfletos con la nueva ley, entre la que se leía lo siguiente:

Nuestro watan (país) se conocerá a partir de ahora como Emirato Islámico de Afganistán. Éstas son las leyes que nosotros aplicaremos y ustedes obedecerán:

Todos los ciudadanos deben rezar cinco veces al día. Si os encuenran haciendo otra cosa a la hora de rezar serán azotados.

Todos los hombres se dejarán crecer la barba….

Todos los niños llevarán turbante….

Se prohíbe cantar

Se prohíbe bailar

Se prohíben los juegos de azar, naipes, ajedrez y los cometas.

Se prohíbe escribir libros, ver películas y pintar cuadros

Si tienen periquitos, serán azotados y a los pájaros se les dará muerte

Si roban se les cortará una mano…

Atención mujeres:

Permaneceréis en vuestras casas. No es decente que las mujeres vaguen por las calles. Si deben salir será acompañadas de un pariente masculino.  Si se les descubre solas por las calles serán azotadas…

No mostrarán el rostro bajo ninguna circunstancia, si no salen con el burka serán azotadas.

Se prohíben los cosméticos

Se prohíben las joyas

No llevarán ropas seductoras

No hablarán a menos que se les dirija la palabra

No mirarán a los hombres a los ojos

No reirán en público. Si lo hacen, serán azotadas

No se pintarán las uñas. Si lo hacen, se les cortará un dedo

Se prohíbe a las niñas ir a la escuela. Todas las escuelas para niñas quedan clausuradas

Se prohíbe que las mujeres trabajen

Si se les halla culpables de adulterio, serán lapidadas.

Escuchen, escuchen atentamente y obedezcan.


Sobra decir lo que ya sabemos: que Afganistán es un infierno si eres mujer. Mil soles espléndidos nos lo cuenta desde el punto de vista de alguien que conoce la cultura, y que se atreve a ponerse bajo una burka y narrar al menos una pequeña parte de lo que se vive dentro de ella. Nos permite pasar, hasta cierto punto, porque no olvido que quien escribe es un hombre, al otro lado de la tela celeste. Y también, permite saber y aceptar que existen hombres sensibles que no aceptan esta realidad y, de menos, la denuncian.

El Talibán se refugia en el vecino Paquistán y el reciente caso del intento de asesinato de la niña Malala Yousafzai da cuenta de que la dura piedra cerebral de estos hombres barbados no ha cambiado un ápice y que es un peligro real que se extiende como plaga. Malala, de 14 años, se quedó sin escuela porque ellos la han clausurado, pero es una activista por la educación de las mujeres y reconocida por el blog que escribe para la BBC,  que es lo que la ha ayudado a mantenerse con vida (si fuese una niña cualquiera es muy probable que la hubieran dejado morir).

A los 14 años, niñas aún, las dos protagonistas del libro, Mariam y Laila, ya habían sido casadas con el mismo horrible Rashid, sin opción de negarse ni hacer protesta alguna. Ellas vivirán una vida de violencia barbárica durante todos los años en que están encerradas en su casa, saliendo ocultas bajo la burka solo con el marido, Mariam sin esperanza alguna de que la vida sea de otra manera y Laila -que había sido educada- esperando el momento de escapar de ese infierno.

No voy a abundar en la historia que nos cuenta Khaled, que es de solidaridad y amor arrancado al macho dominio entre mujeres que son obligadas a la soledad y encuentran el resquicio para apoyarse, porque la rabia que me ocasiona confirmar que bajo las burkas solo hay un inmenso dolor, una ausencia de esperanza, una victimización forzada por siglos de misoginia justificada por la religión -la que sea, pero en este caso la que se justifica en nombre de Alá. La rabia es demasiada y opaca cualquier opinión literaria.  Basta con buscar imágenes de mujeres de Afganistán para que el corazón se encoja de dolor e indignación. Míl y más de mil soles espléndidos eclipsados por el odio, la envidia, el miedo, la ceguera…

más sobre mujeres afganas, aquí, en un texto de la Universidad de Alicante, aquí, en esta nota del país escrita en julio pasado, el artículo de Elizabeth Rubin con fotografías de Linsey Addario publicado en National Geographic, el texto de la directora de cine Meena Nanji, de donde extraigo, para terminar, el siguiente párrafo, que de alguna manera es un colofón a la novela, que termina en el 2003:

Desde que se derrocó a los talibanes, la vida de la mayoría de las mujeres afganas ha cambiado poco. En apariencia, tienen más oportunidades: pueden ir a la escuela, recibir asistencia sanitaria y acceder al mundo laboral. Pero, en la práctica, son muy pocas las mujeres que gozan de estas posibilidades que, en su mayoría, se limitan a Kabul. Según los numerosos cooperantes y mujeres afganas con las que hablé, las mujeres siguen teniendo miedo de los mujahidines armados que cuentan con el respaldo de los Estados Unidos y que controlan gran parte del país. La mayoría de las mujeres, incluso en Kabul, siguen llevando la burka (el vestido que cubre todo el cuerpo, de pies a cabeza) como medida de protección contra la humillación pública y los ataques físicos. La ONU y los grupos internacionales de derechos humanos han publicado recientemente informes que recogen el aumento de casos de palizas, secuestros y violaciones perpetrados por los señores de la guerra (que, no olvidemos, están financiados por los Estados Unidos), y sus milicias. Según dichos informes, “los comandantes de las milicias locales (…) violan los derechos de las mujeres y cometen abusos sexuales con impunidad”.  Además, las mujeres siguen sometidas a las exigencias de sus maridos y demás hombres de la familia, muchos de los cuales no desean concederles ni un ápice de independencia. Las mujeres no pueden tomar decisiones sobre su vida personal y profesional; los casamientos de menores y los matrimonios forzados son algo habitual y la educación de las niñas se sigue condenando.

El Ministerio de Asuntos de la Mujer, inaugurado con bombos y platillos por los Estados Unidos y la ONU, de poco sirve para ampliar los derechos de las mujeres. Muchos consideran que sólo existe de nombre para tener contentos a los donantes internacionales. Además de que sus competencias están mal definidas, carece de autoridad legal y de poder real. A eso hay que añadir que la mayoría de las mujeres que trabajan en este ministerio pertenecen a la élite, son muy conservadoras y tienen poco interés en cambiar el statu quo.

*

20 de octubre.

acabo de encontrarme con esta charla en TED. Habla una fotógrafa polaca, Monika Bulaj, quién viajó por Afganistán por varios meses y logró dar voz a los sin voz.

Nos muestra unas imágenes impresionantes, pero su discurso es muy emotivo. Justo para terminar este artículo.

y para conocer un poco más de historia sobre las mujeres en Afganistán, lean este artículo, traducido, de Malalai Joya, mujer contemporánea afgana

al fin el mío nació a raiz de Los Soles Espléndidos, pero abrió una ventana hacia lo que hay debajo de la burka (que por cierto, según escuché a una china, son hechas en China con nylon, material muy poco adecuado para ese clima).

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Un pensamiento en “mil soles espléndidos

  1. Siete kilos dicen que pesa, que llevan sobre su cabeza y espalda esas pobres mujeres. Problemas para caminar, para ver, fatiga, dolores, mareos. Siguen anclados en la edad media y no hay quien los apee de la burra. No sé si son felices o no porque desde que nacen las preparan para la sumisión y otra cosa no la conocen. Pienso que tiene que ser muy triste su vida. Lo triste también es que en Occidente, al paso que vamos…

    Sobre el mensaje que dejaste en mi blog: Blogger me trajo de cabeza durante unas semanas, pero al final se arregló solo. Gracias por visitarme.

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