de identidades

12 de Octubre del 2012, día de la Raza.

La identidad es algo complejo e incómodo para la mayoría. ¿Quién soy?
La respuesta me ubica pero también me constriñe. Me puede describir, pero solo en parte.
Si permito que me defina, me disminuye porque soy mucho más compleja que lo que esos términos sugieren.
De hecho, esas identidades me dan o quitan privilegios y me hacen, además, vulnerable.

Starhawk, Webs of Power

Ser mexicana. Ser mujer. Ser artista. Ser mujer y sola. Ser también española. Ser fuerte. Ser hermosa. Ser cabrona. Ser madre…..y puedo añadir una larga lista a mis identidades, que podemos reducir o ampliar a discreción. ¿Quién soy? Y más, ¿quién soy frente a los otros? ¿Quién soy para los otros? ¿cómo manifiesto mi SOY frente a los otros? Y otras, claro.

Y…quién es la persona que observa, que se ve –o no- en mi espejo?  ¿Quién la que camina a mi lado, la que cruza la calle, la que ni siquiera mira? ¿La que distingue un acento extraño?

La identidad nos reafirma y nos vulnera, como dice bien Starhawk,  y es lo que se supone se busca definir conforme se crece; es la que nos da la seguridad del pertenecer a una comunidad (soy canario, soy de Huetamo, soy punketo, soy indígena, soy del barça, soy trans, soy 132, soy chilanga, soy de Quito…), nos ubica en un espacio social ( soy diputado del pri, soy narco, soy transportista, soy ejecutiva, soy migrante, soy artista pero del snca ) o donde no querríamos ( soy violentada, soy preso, soy niña de la calle, soy víctima del narco). Nos da pertenencia. Nos señala, nos limita.

Somos distint@s y enfrentamos unos a otros nuestra identidad, pero si añadimos los tiempos históricos en los que la Identidad y su conciencia se convierte en fortaleza y resistencia (indígena, femenina, por ejemplo), cuando la locura fundamentalista -de oriente y occidente, de norte y sur- apunta sus armas imponiendo  una peligrosidad tácita por el hecho de ser “otr@” , pensar y creer en lo que se piensa y se cree, romper paradigmas culturales y conductuales y querer vivir aquí y ahora, en el siglo 21, el asunto se complica.

Hace 520 años que sucedió ese encontronazo de culturas entre Europa y América, pero olvidamos que antes habían sucedido otros múltiples encontronazos tan o igual de violentos. ¿Creemos que no nos atañen?

Creo que lo importante debiera ser aceptar la multi-identidad que la mayor parte de la población mundial tenemos, y no hablo de la impuesta por la globalización financiero-consumista – a la que se debe por supuesto resistir- , sino la de los vasos comunicantes culturales que enriquecen el ser social.

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